Despertar con Música

Durante el tiempo que estuve fuera en el posgrado, la falta de recursos me obligó a confiar en mi instinto y un pequeño despertador de 1.5 CAN (plus tax) para despertarme todos los días y que funcionaba cuando se le pegaba la gana. Me acostumbré a abrir mis bellos ojos mexiquenses con la luz del sol o… gracias al maldito camión de la basura –que religiosamente se apostaba abajo de mi ventana a las 8:30 de la madrugada. Cuando eres estudiante de maestría o doctorado esas son horas non-sanctas, si se parte del hecho que generalmente uno cae en los brazos de morfeo entre las dos y cuatro de la madrugada.

Ahora que regresé a México a mi casa (bueno, a la de mis padres), mi despertador es un stereo con ocho años de vejez. Puedo entonces programar el inicio del día con una estación de radio y con un CD. ¡Increíble poder elegir con que abrir los ojos! Sin embargo, toda acción deriva en una reacción; y el problema es que, por cuestiones psico y fisiológicas, la primer canción que escuchas en la mañana se queda en tu mente todo el día. Esa melodía gira y gira en tu cabeza mientras desayunas, comes y cenas; mientras manejas hacia el trabajo y de este a tu casa; mientras lees documentos en tu oficina y revisas tus correos electrónicos.

¿Pensar y seguir pensando sin realmente buscar hacerlo? ¡Quizá! Pero en esta semana, en la cual he tratado de regularizar mis horarios para cuando entre a trabajar, he buscado alternativas musicales distintas. El lunes, que tenía una cita muy temprano por la mañana, opté por una rudeza equiparable sólo a la que Verdi desplegó en “Aída”. El martes necesitaba algo mas tranquilo, Snow Patrol y “Chasing Cars” fue la opción. Para el miercoles, mediados de semana, necesitaba animarme a terminarla, asi que me usé una rola noventera-dance: “You’re My Heart, You’re My Soul”, de Modern Talking. Y en respuesta a la gran efusividad de aquel día, sucedió una depresión nocturna que derivó en la selección del jueves. Y si de depresión se trata, nuestro colega Damien Rice sabe lo que hace al cantar “The Blower’s Daughter”. Pero el viernes llegó, y aunque todavía no tenía plan con los cuates, decidí que debía contrarrestar un poco la insistente pesadez provocada por la selección del miercoles por la noche. Después, de una prolongada y “sesuda” discusión conmigo mismo, opte por un clasico: “Amor de Mis Amores”, de la Sonora de Margarita. Así que la cumbia estuvo en mi cabeza ese viernes. Pero ni tuve fiesta o a qué salir de farra: me quedé vestido y alborotado (aunque la fiesta sólo haya estado en mi mente). La elección del sábado, en este sentido, fue condicionada por esa decepción mental; y Gilberto Santa Rosa me despertó con “Enseñame a Vivir sin Ti”.

Después, mi experimento terminó, porque además era domingo, y decidí que mis párpados se despegarían hasta que hubiera demasiado ruido en mi casa. La música seleccionada determinó mi estado de ánimo durante todo el día… Pero los resultados, desde mi punto de vista, fueron contradictorios. Así que ese séptimo día, ya por la tarde, me dirigí a una de esas tiendas de barata y compré un despertador de pila, esos que utilizan el tradicional “Beep, Beeep, Beeeeeepppp”. Seamos honestos, ¿quién en su sano juicio se dedica todas las noches a buscar una canción para despetarse el día siguiente? Por más mal de la cabeza que esté, todavía estoy relativamente cuerdo y he decidido emplear mi tiempo en asuntos menos complejos. Y el simple “Beep”, por lo pronto, resuelve el simple problema de despertar a tiempo para que a uno no lo corran del trabajo… uno al que acabo de ingresar. :S

~ por iarteaga en Octubre 28, 2007.

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