Las 10 del IPOD

•Septiembre 29, 2008 • 4 comentarios

Dejaré atrás, pero sólo brevemente, los escritos depresivos que usualmente caracterizan a este blog, para retomar el otro tema de mi obsesión y que, por un injustificado olvido, había dejado de lado: la música.

Días atrás, entre drink y drink, un amigo me preguntó cuáles eran las canciones que tenían más reproducciones en mi IPOD. De un lado, cierto era que no recordaba con precisión cuáles eran; pero, del otro, me dio algo de pena confesar mis gustos musicales: si mi IPOD pudiera hablar, ya me hubiera pedido asistir –de manera rápida y urgente– al psicólogo.

Palabras más, palabras menos, confesaré a ustedes uno de mis mayores secretos: el top ten de reproducciones en mi IPOD; con la plena intención de que ustedes también hagan lo propio y confiese su propia lista. Bueno, ahí voy:

  1. Tabaco y Channel – Bacilos.
  2. Si te pierdo – Juan Fernando Velasco y Jorge Villamizar.
  3. Sé morir – Andrés Cepeda.
  4. Collide – Howie Day.
  5. Amor de mis amores – La Sonora de Margarita.
  6. Fragile – Sting.
  7. ¿Dónde está la vida? – Francisco Céspedes.
  8. A la primera persona – Alejandro Sanz.
  9. Come Undone – Duran Duran.
  10. The Blowers Daughter – Damien Rice.

Si, en efecto: tengo problemas… y mi estado de permanente depresión se refleja en la lista previa. Pero bueno, espero que ahora tengan a bien revelar sus preferencias y gustos musicales… Así que no se hagan: espero res-pues-tas ya!

Adiós

•Septiembre 18, 2008 • 2 comentarios

Para George

Armado con argumentos estériles me presento hoy en tu nueva puerta, con la leve esperanza de recuperarte y, con ello, recuperar mi alma, mi sentido de vida, mi sueños.

Estas rosas son para ti; pero seguramente no querrás, no podrás, recibirlas en mano: lo entiendo.

Adiós, amor mío.

No, no te vayas, espera, escúchame: hazlo por aquello que fuimos, dame unos minutos, los mismos que se le otorgan a cualquier sentenciado a muerte; serán sólo unos momentos; y luego podrás irte para siempre.

Adiós, mi amor.

Y es que no quiero aceptar que atrás quedó el amor que construyó ese puente por el que crucé tantas veces para llegar a tu corazón y que, aparentemente, resistía el paso del tiempo.

No, no puedo ni quiero aceptar que tus labios no serán míos nunca más.

No, no acierto a pensar que puedas estar lejos de mí… yo sin ti, y tú sin mí.

Pero tampoco tengo otra alternativa; y aunque mi corazón lo niegue, aunque te ame por encima de todo, sé que lo nuestro tendrá que esperar para otro tiempo.

Y sería estúpido agotar esta última oportunidad pidiendo algo que, seguramente, será negado.

Adiós, mi amor.

Sólo, sólo… solo y aquí, bajo la lluvia, reconozco que, pese a llevarte en cada gota de mi sangre; has seguido otro camino: uno donde, por el momento, no podré estar a tu lado.

Te deseo suerte y no, lo suplico, no me olvides; porque yo no lo haré. Si pudieras abrir tus ojos, verías cómo tu partida, lentamente, marchita mis entrañas y destroza mi conciencia.

Pero no te preocupes: pronto, muy pronto, estaremos juntos de nuevo. Buscaré cerrar mis ciclos para seguirte y ahora sí, no separarnos por una eternidad.

Adiós, mi amor. El tiempo pasará rápido.

Adiós, mi amor. No estaremos separados mucho tiempo.

Adiós, mi amor.

Tu partida es sólo el principio de todo; tu blanca lápida es el imborrable recuerdo de tu presencia y las lágrimas que corren en mi cara, mezcladas con esta incesante lluvia, la esencia de tu espíritu que se libera de miedo y sufrimiento.

Adiós… adiós, mi amor; espérame.

Regresa

•Agosto 12, 2008 • 1 comentario

Me ví en ti, en tu perfume y tu sonrisa, y

en nuestros ojos, estaba el uno y el otro: ambos.

 

Me levanto al amanecer y sólo acierto a pensar,

pensar en ti, en tu voz y tus labios.

 

Añoro eso días de lluvia, plegados uno al otro,

compartiendo el lecho, la vida y el futuro.

 

Pero esos días quedaron atrás.

La vida y el dios destino cobraron factura.

 

Te fuiste, y contigo mi alma también se fue,

dejándome desprovisto de sentido y dirección.

 

Mi vida quedó letalmente fracturada y moribunda,

a la espera de que mi tiempo transcurra hacia el final.

 

Te extraño y desvarío al sólo pensar en tus manos,

tu piel, tus –nuestros– sueños.

 

Me faltas,

te necesito.

 

¡Por favor, te lo ruego, regresa, regresa!

Regresa, aunque sólo sea para amarnos unos minutos más.

 

Luces, sombras y perdón

•Julio 8, 2008 • 1 comentario

A Chava

Hay espacios de luz y sombras; pero a veces es difícil distinguir cuál es cuál. Y es que las definiciones de luz y sombra son simplemente espacios subjetivos de lo que realmente queremos ser y ver con nuestra corta mirada. La luz es luz porque así decidimos nombrar a la conjunción de colores y rayos solares. Su inherente brillantez la asociamos con el blanco, el emblema de pureza, la sabiduría y la perfección. La sombra es la ausencia de luz, de color, el vacío…

Estos extremos han sido, como en todo, las bases que el hombre ha utilizado en la creación de estereotipos, que nos hacen pensar en colores nítidos, en valores y hechos absolutos: bueno y malo; verdad y mentira; todo y nada. Pero unos son los modelos sociales y otra la realidad misma. Y el hecho es que el ser humano tiene la capacidad de pensar siempre en colores intermedios, en tonalidades transmutables, porque así es su propia naturaleza. Pero pocas veces, con honestidad plena, somos capaces de llegar a esos matices, porque existe una barrera que separa nuestro ser de nuestro deber ser: estados que se mezclan para formar un yo. Porque, en realidad, no todos somos buenos ni todos somos malos, simplemente somos como somos y no somos más que creaciones perfectibles la azarosa naturaleza.

La vida es siempre de luces y sombras, de espacios donde conviven las tonalidades de la naturaleza física y de las emociones, de matices, de saturaciones y de vacíos. Y, se preguntarán, a qué viene todo esto: al hecho mismo de que hoy que veo hacia atrás, y me doy cuenta que los errores cometidos han dañado a personas por las que sinceramente he sentido y siento un gran aprecio. El tiempo quizá no era el adecuado para encontrarnos y conocernos; o quizá el tiempo era, pero, a final de cuentas, no fue.

Y hoy queda sólo el recuerdo de los días y meses transcurridos, de las omisiones, de los errores, de las acciones –buenas y malas–, del devenir absurdo de nuestra estúpida inconciencia, del daño –que espero no sea irreparable– y de la felicidad profesada.

Recuerdo, y recuerdo bien. Pienso y me recluyo en mi propia inmensidad perenne, esa que sólo concluirá cuando exhale la última bocanada de aire. Pienso y sólo puedo decir perdón. Pienso y sólo veo en mi cabeza luces y sombras que no acierto olvidar.

No, no es una forma de redención la que busco. Sólo sé que es indescifrable el tiempo que viviré y las condiciones en que lo haré.

Lluvia

•Julio 3, 2008 • 2 comentarios

A Elizabeth e Iván, amigos entrañables.

Llueve, y mucho. Llueve, resguardado de ella, pienso. ¡Qué estúpida manía la de estar reflexionando en cada momento, en cada lugar, sobre los tres estadios del tiempo. Pero creo que es inevitable, es parte de la irremediable naturaleza humana.

La lluvia se vuelve cada vez más intensa. El peso del tiempo se vuelve cada vez más doloroso: tiempo, todo en esta maldita vida es tiempo. Y es que hay periodos de bonanza, y otros de estiaje. ¿Quién soy?

La cortina de agua, parece, ahora impenetrable a la vista. La nostalgia se apresta a invadir las cuatro paredes que envuelven más de 12 horas diarias de tiempo y… extraño. Extraño Montreal y a mis amigos; extraño la vida en libertad física y de pensamiento; extraño las tardes de lectura café en mano; y los tiempos donde sólo yo podía preguntar y responderme.

La lluvia se vuelve tormenta. ¿Pero cuál golpea más: la de allá afuera o mi propia batalla interior? ¿Cuál tormenta sacude más? ¿Cuál puede dejar más destrozos pasajeros y permanentes? Y es que sólo vivo por vivir, por el simple hecho de respirar, por la inercia misma de años de indecisión.

La tormenta es huracán. Y es que a veces pienso en saltar para olvidar; saltar para evadir la propia y constante lucha que implica vivir; saltar para descansar; saltar para ser libre. Pero al filo me arrepiento, y lo hago por una y sólo una razón: por cobarde.

Y en el ojo del huracán, en una aparente y relativa calma, hay manos que se abalanzan para sujetarte, para evitar que sigas transitando continuamente en espiral hasta que la fuerza natural decida reducir su propia ira.

El huracán retoma fuerza, pero ahora sientes, pese a los metros que te separan del suelo, que estás atado a algo y a alguien. Y la lluvia se va relajando, el espacio se disipa, y sólo queda la brisa leve del efímero diluvio y su tempestad.

La burocracia

•Febrero 18, 2008 • 5 comentarios

Max Weber fue y es todavía, uno de los más grandes pensadores políticos de todos los tiempos. Obras van y vienen, pero “El político y el científico” y “Estado y Sociedad”, se mantienen como textos obligados para situar en su justa dimensión el análisis de las estructuras de gobierno y de administración estatales. Uno de los modelos ideales que más han resonado desde principios del siglo XX es el la burocracia.

Para Weber, la burocracia no es vista en un sentido negativo; por el contrario, constituye un modelo de organización –administración y gobierno– capaz de responder eficientemente a las cambiantes situaciones (necesidades) que afectan los procesos del y en el ejercicio del poder. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) recupera esta noción y establece que la burocracia puede definirse como la “organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios”. Pero el término ha adquirido, con el paso de las décadas, una connotación negativa, asociada con el abuso, por parte de las estructuras administrativas, de sus prerrogativas de poder. La RAE también hace eco de esta aseveración: burocracia hace también referencia a un tipo de “administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”.

Esta última concepción es la que quizá priva en el imaginario colectivo no sólo de nuestro país, sino de otras latitudes. Y es ya sea laborando al interior de una estructura pública o vinculándose debido a algún trámite o servicio con el aparato gubernamental, el ciudadano constantemente percibe que los gobiernos no responden de manera eficiente a sus necesidades; que los encargados de administrar los recursos sociales han sobrecargado a la administración de procedimientos, complicando aún más trámites gubernamentales y la provisión de servicios públicos.

Pero también a la mente, sobre todo de los mexicanos, viene esa imagen ligada ancien régime –recordando a François-Xavier Guerra de un funcionario público priísta todopoderoso, imbatible, invencible: capaz de sobreseer la ley y las instituciones, y usarlas a su conveniencia y placer. Una donde no se hace nada si no existe un documento de solicitud soportado con un sinnúmero de vistos buenos y aprobaciones interinstitucionales, y una obscena cantidad de formatos probatorios de la vida del ciudadano.

Hoy veo cómo la escuela del priísmo queda todavía manifiesta en las instituciones públicas. Esa vieja lógica de administración de la austeridad –que no republicana– de la crisis social, política y económica permanente, se ha logrado colar hasta el nuevo milenio. La noción que prevalece es la restricción recursos y el ahorro, por el simple hecho de hacerlo; pero sin medir consecuencias para el funcionamiento institucional y, por qué no, del país mismo.

Por ello, quienes pertenecemos a la nueva generación en la administración pública debemos transitar hacia una visión donde el ahorro deriva de una lógica planeada de administración del gasto; es decir, donde los recursos no ejercidos efectivamente no puedan ser utilizados para mejorar la calidad de los servicios públicos y generar la infraestructura para el desarrollo económico y social de los ciudadanos. ¿Qué opinan, sueño demasiado, ya me perdieron, todavía creo en los cuentos de niños o simplemente es posible llevar a cabo un cambio de este tipo?

Dos aviones, dos personas

•Febrero 5, 2008 • 1 comentario

Este ha sido, quizá, uno de los blogs más difíciles de escribir. Y es que este día me trae muchos recuerdos, buenos y malos. Hoy trato de recapitular sobre mi vida, sobre lo que he sido, lo que soy y lo que aspiro a ser. Este es mi punto de quiebre de todos los años, un momento donde las emociones cruzan en todas direcciones: de un lado, vivo la alegría de hablar y ver a mi familia y amigos, y sentirme, con ello, querido y extrañado. Pero no puedo dejar de sentir tristeza y nostalgia por no ver más a quienes han abandonado la marcha de la vida.

En el 2006 tomé un avión, con destino conocido, pero de destino incierto. Pese a mí, pese a todos, sin embargo, ese avión todavía no vuelve. Y no lo hace, porque la persona que viajó con cuatro maletas y un sueño detenido por alfileres, no ha regresado; ni tampoco lo hará. Soy el mismo, pero no soy yo. Regresó una persona que, ahora, continuamente sueña despierto; que es consciente de la necesidad de vivir la vida; que se ha congraciado –o al menos tiene una sana interlocución– con gran parte de sus ángeles y demonios; que disfruta del silencio en compañía; que ve el futuro con mayor optimismo; que busca ser él mismo.

Y es que, lejos de palabras impronunciables, que las más de las veces suelo utilizar, este texto es, creo, simple en estructura; pero complejo en expresión. Porque tengo que darles las gracias por ayudarme a caminar cuando las piernas de la certidumbre y la esperanza se habían roto. Gracias por no abandonarme, “porque amar en soledad es como un pozo sin fondo, donde no existe ni Dios, donde no existen verdades”, como dijera el Mtro. Sanz. Y es que hoy, no estoy solo; porque ahora soy consciente que nunca lo he estado. Because you have always been, because you are… here, with me.

Silencio

•Enero 22, 2008 • Dejar un comentario

Silencio, para entenderme.
Silencio, que mi alma lo necesita.
Silencio… sólo silencio.

Aturdido por la desventura del tiempo,
Amarrado a la obsesión del pasado y
Nervioso por la incertidumbre del futuro,
Acierto a reconocer la voz de mi corazón,
Esa que nunca me ha traicionado.

Espasmos de tristeza sacuden mi mente,
Resignada a la suerte de su innegable abandono,
Reclusa y desahuciada por su propio egoísmo;
Predestinada a vivir siempre atada a un tiempo,
Incapaz de congraciar pasado y presente.

Su instinto no fue suficiente, muere en silencio.
Sus días transcurren en la nimiedad perenne
De su estúpida soberbia y de su finita esencia.